"La única condición necesaria y suficiente para que el mal triunfe sobre el bien, es que el hombre del bien no haga nada". - Edmund Burke

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Dioses del Eden capitulo 21 : Guillermo y Maria tienen una Guerra



El rey Carlos II y su hermano sucesor James II tenían una hermana, María, que se había casado con el príncipe de Orange de los Países Bajos. Este matrimonio creó un lazo familiar entre las casas reales de Inglaterra y Holanda. Este lazo se hizo mucho más fuerte por el matrimonio de la hija de James II con el hijo del príncipe de Orange, Guillermo III. Los matrimonios reales de esa época no sólo eran materia de “cruces” sino que se planificaban por razones de seguridad y ventajas políticas y en muchas ocasiones eran arreglados con todo tipo de sofisticación y astucia como la que se podría llevar a cabo en un golpe de espionaje. Varias de las familias reales de Alemania eran maestras en este tipo de juego. Se destacaban por lograr bodas con o entre familias reales extranjeras que sirvieran como piedras fundamentales para tomar el poder en esas otras naciones. La casa de Orange-Nassau era miembro de esta camarilla de alemanes tramposos. La familia Estuardo, después de su dura lucha para ganar nuevamente el trono inglés, cayó en la trampa. Sus matrimonios dentro de la casa de Orange ayudaron a la monarquía de los Eduardos a lograr un fin permanente durante la Gloriosa Revolución de 1688. Para entender cómo sucedió esto y porqué todo esto es importante para nosotros, vamos a revisar brevemente a la Gloriosa Revolución.

Un poderoso grupo de ingleses y escoceses habían formado una facción política protestante conocida como los Whigs. Realmente esta facción estaba asentada en Holanda y estaba, por supuesto, bajo la monarquía de la casa de Orange. Desde su base en los Países Bajos, los Whigs lanzaron la Gloriosa Revolución de 1688 y derrocaron rápidamente a James II en un sangriento golpe. En seguida los Whigs colocaron en el trono británico al yerno de James II, Guillermo III de Orange. La casa de Orange reinaba ahora sobre ambos países: Holanda e Inglaterra, además en su tierra de origen: Alemania.

Detrás de esta intriga vemos la mano de la Hermandad: en efecto, Guillermo III se presenta como antiguo francmasón.[1] En realidad, en el año 1688 se formó una sociedad militar secreta para respaldar a Guillermo III. A esta se le dio el nombre de Orden de Orange en honor a la familia de Guillermo III y se hizo a sí misma según la francmasonería. La Orden de Orange era anti-católica y su propósito era asegurar que el protestantismo permaneciera como religión cristiana dominante en Inglaterra. La Orden de Orange ha sobrevivido los siglos y actualmente es muy fuerte en Irlanda donde tiene alrededor de 100.000 miembros. Quizá es más conocida por su desfile público annual para conmemorar el éxito de Guillermo III en Inglaterra.

Al acceder al trono británico, Guillermo III rápidamente estableció las mismas instituciones en Inglaterra que su dinastía había establecido en Holanda: un Parlamento fuerte con una monarquía debilitada y un Banco Central operando con papel moneda inflado. Guillermo y su esposa María, también lanzaron rápidamente a Inglaterra en una guerra expansiva contra la católica Francia.

El hombre escogido para organizar el Banco Central inglés bajo Guillermo III fue un misterioso aventurero escocés llamado William Paterson, de quien aparentemente se conocía muy poco. La Cámara Británica de los Comunes (Parlamento) estuvo renuente al principio a aceptar el esquema de Banco Central de Paterson, pero se ablandaron a medida que la deuda nacional británica continuaba creciendo rápidamente como consecuencia de los conflictos lanzados por el muy guerrero Guillermo III. El sistema de papel moneda con su inflación incorporada fue vendido como una manera de financiar las costosas guerras. Los impuestos ya eran tan elevados como razonables podían ser y así la Cámara de los Comunes sintió que no había otra manera o alternativa, que adoptar el esquema. Por eso, nació el Banco de Inglaterra y se perpetuaron las guerras como sucedió en Holanda después que se creó el Banco de Amsterdam.

El Banco de Inglaterra ha sido apodado por algunos economistas: “La Madre de los Bancos Centrales”. Se convirtió en el modelo de los bancos centrales de hoy. Según el esquema del Banco de Inglaterra, el banco central venía a ser el banco primario de la Nación y haría empréstitos exclusivamente al gobierno nacional. El propósito total del banco central era poner en deuda al gobierno y ser el mayor acreedor del mismo. Las notas del Banco Central serían prestadas al gobierno y esas notas circularían como el papel moneda nacional. Eso causaría que el gobierno y el pueblo dependerían de aquellas notas como dinero. El establecimiento del Banco de Inglaterra causó a los británicos vivir profundamente endeudados con una élite monetaria, la Aristocracia del Papel, la cual podía influenciar de esta forma el uso de los recursos de la Nación. Todavía hoy, este sigue siendo la manera de operar de todos los bancos centrales.

Como la mayoría de los bancos centrales modernos, el Banco de Inglaterra es de propiedad privada o banco operado privadamente aunque conserva un estatus casi-gubernamental. De acuerdo al plan de Paterson, los financistas que juntaron sus recursos para crear el Banco de Inglaterra recibieron la aprobación del gobierno para emitir notas de oro y plata en cantidades muchas veces excediendo el respaldo reunido. La práctica normal de los banqueros durante este período fue sacar notas cuatro o cinco veces más, en exceso, de sus metales preciosos. Sin embargo, el Banco de Inglaterra emitió una multiplicación de veces increíble, 16 2/3 de veces. El gobierno británico acordó pedir prestadas esas notas y honrarlas como dinero legal para uso en sus adquisiciones. El gobierno aceptó este plan porque a él no se le exigiría pagar el empréstito inicial. ¿No había perdido dinero el Banco de Inglaterra con un trato como este?
En absoluto.

El valor facial de las notas del préstamo era muchas veces más en exceso del valor real de los bienes o activos sobre los cuales estaban basadas las notas. ¡El interés del préstamo en sólo un año sobrepasaba el valor total de los metales preciosos del Banco de Inglaterra! Específicamente, los financistas habían colocado en conjunto una base total de 72.000 LE., (libras esterlinas) en real oro y plata. Emitiendo notas por un valor 16 2/3 veces la base, el banco podía hacer un préstamo a Inglaterra por 1.200.000 LE., en papel moneda. La tasa de interés anual era de 8 1/3 por ciento, lo que equivale a 100.000 LE. ¡El beneficio alcanzaba a 28.000 LE., es decir el 39 por ciento en un solo año!

Veintidós años después del establecimiento del Banco de Inglaterra se implementó un banco con iguales características en Francia en el año 1716. El fundador de la versión francesa fue John Law, quien llegó a ser ministro de finanzas de Francia. Law, por sus esfuerzos fue apodado el “padre de la inflación”. El título, claramente, no es exacto por que la práctica de la inflación había comenzado mucho antes. Sin embargo, la inflación espectacular que ocurrió en Francia después de la nacionalización del banco de Law, fue lo que le dio a Law el ambiguo honor del título.

Como hijo de orfebre transformado en banquero, John Law fue un carácter interesante en muchas formas. El estaba profundamente dedicado a las enseñanzas o escuelas de misticismo de la Hermandad, las cuales estaban detrás de muchos de los cambios sociales importantes que ocurrían en este tiempo. El biógrafo Hans Wantoch, escribía en su libro “El espléndido negocio del dinero” como Law fue “uno de los últimos místicos de la alquimia, de los astrólogos que estaban agonizando en el tiempo de Voltaire, quien en su persecución de la piedra filosofal inventó la inflación”.[2] Otro hecho interesante es que Law era escocés con antecedentes oscuros, al igual que su contraparte previa en Inglaterra, William Paterson. El vínculo escocés entre Law y Paterson puede ser significativo cuando más adelante revisemos la evidencia que Escocia fue un centro importante de actividad secreta, aunque de gran alcance, de la Hermandad en Europa.

Law fastidiaba a Francia justificando la paranoia de Inglaterra a fin de convencer al gobierno francés de establecer un banco central idéntico al de los británicos. La guerra que había sido instigada antes por Guillermo III, estaba causando un serio desaguadero a la Tesorería francesa. La propuesta de Law pareció una solución atractiva y en consecuencia finalmente fue adoptada.

Al principio, la nueva moneda francesa emitida bajo el plan de Law pareció revitalizar la economía francesa. Esto sucedió debido a que las notas bancarias podían ser redimidas en monedas metálicas, en las cuales el pueblo tenía fe. Después que el Banco de Francia fue nacionalizado, este emitió una severa superabundancia de notas sin hacer un cuidadoso y gradual incremento. Rápidamente el pueblo se dio cuenta de que había mucho más notas de papel en circulación que las monedas acuñadas para resarcirlas. El resultado fue un quebrantamiento de la confianza popular en las notas y en consecuencia un trastorno de la economía francesa.

La Gloriosa Revolución inglesa de 1688 no solo produjo el Banco de Inglaterra, el cual todavía hoy es el Banco Central de la Gran Bretaña, sino que también introdujo la actual familia real de Inglaterra: la Casa de Windsor. La Casa de Windsor desciende directamente de la familia real del Hannover alemán, la cual tenía lazos íntimos con la Casa de Orange y otros principados alemanes del mismo estilo de la camarilla de matrimonios tramposos y derrocamientos. Después de la muerte de Guillermo III de Inglaterra, su hermana Ana fue colocada en el trono británico. Por arreglo previo a la muerte de Ana, el trono británico fue renunciado por la familia Orange a favor de los gobernantes del estado alemán de Hannover, quienes ya habían emparentado familiares previamente dentro de la familia Estuardo británica. El Primer Elector, Duque Ernesto Augusto (1629-1698), se había casado con una nieta del rey James I de Inglaterra, Como fue cierto con la Casa de Orange, las nupcias de hannoverianos con la familia Estuardo no titulaban legalmente a cualquiera de los hannoverianos para subir al trono británico, pero con el derrocamiento de James II por los Whigs a la Casa de Orange, las reglas fueron cambiadas para conveniencia de los vencedores.

El primer rey hannoveriano en tomar el trono británico fue Jorge Luis, quien se convirtió en Jorge I de Inglaterra. Jorge I no hablaba inglés y veía a Inglaterra como una posesión temporal. El continuaba dedicando la mayor parte de su atención y cuidado a su lar alemán. A medida que las generaciones hannoverianas ascendían al trono británico se iban convirtiendo y arraigando permanentemente en la sociedad británica. Los hannoverianos proporcionaron a Inglaterra todos sus monarcas hasta 1901, y los descendientes hannoverianos del ala de la reina Victoria han suministrado el resto hasta el día de hoy. Durante todo este tiempo, la dinastía continuó sosteniendo fuertes lazos con otras familias nobles alemanas. Durante el primer siglo y medio de gobierno hannoveriano en Inglaterra, por ejemplo, los reyes hannoverianos británicos sólo se casaron con las hijas de otras familias reales alemanas.

No es una sorpresa que existiese una oposición general en Inglaterra contra los hannoverianos después de que lograron el poder real. Comprensiblemente, muchos ingleses sintieron que los monarcas alemanes no tenían porqué inmiscuirse reinando sobre súbditos británicos. Las facciones anti-hannoverianas buscaban poner a los Eduardos de regreso en el trono de Inglaterra. Debido a esto, los hannoverianos decidieron no permitir la formación de un gran ejército de bretones nativos, temiendo que ellos pudieran dar un golpe. En su lugar, cuando los ingleses necesitaban soldados en gran número, los hannoverianos usaban el dinero del tesoro británico para alquilar mercenarios de sus amigos alemanes y de su propio principado de Hannover, pagando cuantiosos honorarios. El mayor número de mercenarios fue proporcionado por la familia real de Hesse, la cual tenía estrechos y cerrados lazos amistosos con la Casa de Hannover alemana. Un aspecto curioso del arreglo con los mercenarios fue que algunos miembros de las más importantes de esas familias alemanas, especialmente la de Hesse, surgieron más adelante como los líderes de un nuevo tipo de francmasonería que se había creado para derribar a los hannoverianos del trono inglés.

Antes de estudiar esta extraordinaria situación, buscaremos ver cómo estaba desenvolviéndose la masonería en estos tiempos. Los cambios mayores se estaban desarrollando e iban a hacer de la masonería la rama más grande de la Hermandad.
[1] Brown, William Adrian, Facts, Fables and Fantasies of Freemasonry (Boyce, Carr Publishing Co., Inc., 1968), p. 131.
[2] Wantoch, Hans, Magnificient Money-Makers (London, Desmond Harmsworth, 1932), p. 94.

Osho: El libro del Hara, tercer capitulo, tercera parte

Normalmente, todo el mundo coincide en despertarse cuando amanece, porque al salir el sol sube la temperatura. Pero esta no es una norma, hay excepciones. Para algunos puede que sea necesario dormir hasta después del amanecer, porque la temperatura del cuerpo de cada individuo sube a horas dife­rentes, a un ritmo diferente. Cada persona debería averiguar cuántas horas de sueño necesita y a qué hora le conviene le­vantarse, y esa debería ser su norma. Digan lo que digan las es­crituras, digan lo que digan los gurús, no hay que hacerles caso en absoluto.

Para un buen sueño, cuanto más profundamente y más duermas, mejor. Pero te estoy diciendo que duermas, y no que te quedes tumbado en la cama. Estar tumbado en la cama no es dormir.

La regla debería ser despertarte cuando sientes que te con­viene despertarte. Normalmente, esto sucede al amanecer, pero es posible que no te suceda así. No hace falta que tengas miedo no te preocupes por esto, ni que pienses que eres un pecador y tengas miedo de ir al infierno. iHay mucha gente que se despierta pronto por la mañana y va al infierno, y mucha gente que se despierta tarde y está en el cielo! Esto no tiene ninguna rela­ción con ser espiritual o no, pero es indudable que el sueño correc­to sí tiene relación.
De modo que cada persona debe descubrir qué le conviene más. Durante tres meses, cada persona debería experimentar con su trabajo, su sueño y su dieta, y debería descubrir qué re­glas son las más sanas, más pacíficas y más dichosas para él.

Cada uno debería tener sus reglas. No hay dos personas iguales, de modo que no existe una ley común que se pueda aplicar a todo el mundo. Siempre que alguien intenta aplicar una ley común, el resultado es malo. Cada persona es un indivi­duo. Cada persona es única e incomparable. Únicamente él es el mismo, no hay ninguna otra persona como él en la tierra. Por lo que ninguna ley puede servirle hasta que descubra cuáles son las leyes de sus procesos vitales.
Los libros, las escrituras y los gurús son peligrosos porque tienen fórmulas prefijadas. Te dicen que deberías despertarte a una cierta hora, que deberías hacer esto, que no deberías hacer lo otro, que deberías dormir de este modo y que deberías hacer las cosas de aquel modo. Estas fórmulas prefijadas son peligrosas. Está bien que las entiendas, pero cada persona debe encontrar lo que le conviene en su vida.
Cada persona tiene que encontrar su propio camino de me­ditación. Cada persona tiene que andar por sí misma y crear su propio camino para su viaje espiritual. No hay una autopista prefabricada sobre la que puedas caminar; ese tipo de autopis­ta no existe en ninguna parte. El camino del viaje espiritual es como un sendero, ipero un sendero que ni siquiera existe! Lo creas al caminar y dura lo que dura tu camino. Cuanto más an­das, más se desarrollará la comprensión del viaje que todavía está por llegar.
Hay que tener en cuenta estas tres cuestiones: una dieta correc­ta, un trabajo correcto y un sueño correcto. Si la vida se desarrolla correctamente en estas tres cuestiones, entonces hay más posi­bilidades de que se abra lo que yo llamo el centro del ombligo, que es la puerta a la vida espiritual. Si te acercas a esa puerta, ésta se abrirá; entonces sucede algo extraordinario, algo que no has experimentado nunca en tu vida ordinaria.

Anoche, cuando me fui de aquí, llegó un amigo y me dijo:
-Lo que dices está bien, pero hasta que no nos sintamos sa­tisfechos es muy difícil que estemos convencidos.
Yo no le dije nada. Tal vez piensa que llegará a sentirse sa­tisfecho por el hecho de que yo hable de ello, pero está absolu­tamente equivocado y está perdiendo el tiempo. Yo, por mi par­te, hago todo el esfuerzo necesario, pero tú por tu parte debes hacer un esfuerzo aún mayor. Si tú no haces ese esfuerzo, no tiene ningún sentido que yo diga nada.

La gente me dice constantemente que quiere paz, que quie­re dicha, que quiere un alma. Sí, quieres todo, pero en el mun­do no recibes nada simplemente por quererlo. El deseo nada más es absolutamente impotente, no tiene fuerza.
El deseo nada más no es suficiente: la determinación y el es­fuerzo también son necesarios. Está bien que desees algo, pero ¿cuánto esfuerzo haces para obtener ese deseo, cuántos pasos tienes que dar hacia ese deseo, cuánto estás haciendo por ese deseo?

Según mi criterio, la única prueba de tu deseo es el esfuer­zo que haces para satisfacerlo. Si no, no hay ninguna prueba de que tengas un deseo. Cuando una persona desea algo, hace algún esfuerzo para conseguirlo; ese esfuerzo es la prueba de que la persona lo deseaba. Dices que deseas pero no tienes ninguna in­tención de hacer ningún esfuerzo para conseguirlo. No tienes firmeza para conseguirlo.
Para concluir este discurso, volveré a repetir un punto. Os he hablado de tres centros: el centro del intelecto es la mente, el centro de los sentimientos es el corazón. ¿Y de qué es el- centro el ombligo? El ombligo es el centro de la fuerza de voluntad. Cuanto más se activa el ombligo, más intensa se vuelve la fuer­za de voluntad y mejor puedes llegar a tener la determinación, el poder y la energía vital para hacer algo.
O mirándolo al revés: cuanta más determinación tienes, cuanta más energía reúnes para la acción, más se desarrollará tu centro del ombligo. Son interdependientes, están relacionados entre sí; cuanto más piensas, más se desarrollará tu intelecto; cuanto más amas, más se desarrollará tu corazón. Cuanta más fir­meza tienes, más se desarrollará el centro de tu energía interna, la flor de loto central del ombligo.
Y para terminar mi discurso, una pequeña historia.

Un faquir ciego estaba mendigando en una ciudad y llegó a una mezquita. Extendió las manos en la puerta de la mezquita y preguntó:

-¿Me pueden dar algo de comer? Tengo hambre.

La gente que pasaba decía:

-ildiota! Esto no es una casa donde te puedan dar algo de comer. Esto es una mezquita, un templo; aquí no vive nadie. Es­tás mendigando en una mezquita; aquí no te van a dar nada. Vete a otra parte.

El faquir se rió y dijo:

-¿Si no me dan nada en la casa de Dios en qué casa me van a dar algo? Esta es la última casa a la que he venido, y por equi­vocación esta última casa es un templo. ¿Cómo me voy a ir de aquí? ¿Si me marcho, a dónde iré? Después de esta casa ya no queda nada, ahora me quedaré aquí y sólo me iré cuando me hayan dado algo.

La gente empezó a reírse de él:

-ildiota! -le decían-. Aquí no vive nadie. ¿Quién te va a dar algo?
-Ésa no es la cuestión -contestó él-. Si me tengo que ir de la casa de Dios con las manos vacías, ¿dónde llenaré mis ma­nos? Mis manos no se llenarán en ninguna parte. Ahora que he tropezado con esta puerta sólo me marcharé cuando mis ma­nos estén llenas.

Y el faquir se quedó ahí. Durante un año estuvo con las manos extendidas del mismo modo, y su ser seguía anhelando lo mismo. La gente de la ciudad empezó a decir que estaba loco.

-iEstás completamente loco! -le decían-. ¿Dónde crees que estás sentado con las manos extendidas? Aquí no vas a sacar nada.

Pero el faquir no era una persona cualquiera, era especial, y se quedó ahí sentado tiempo y más tiempo.
Cuando había pasado un año, la gente de la ciudad se dio cuenta de que quizá le había sucedido algo porque el aura de su cara había cambiado. Había una especie de brisa pacífica flo­tando en su entorno; había surgido una especie de luz a su alre­dedor, una fragancia. El hombre empezó a bailar. Mientras que antes había lágrimas en sus ojos, ahora tenía una sonrisa en la cara. Había estado casi muerto, pero en un año su vida había vuelto a florecer y estaba bailando.

La gente le preguntó:


-¿Has conseguido algo?

Él dijo:

-Habría sido imposible no conseguir nada, porque había decidido conseguirlo o morir. He conseguido más de lo que de­seaba. Yo sólo deseaba comida para mi cuerpo y he conseguido comida para mi alma también. Quería satisfacer únicamente el hambre de mi cuerpo, pero ahora también he satisfecho el ham­bre de mi alma.

Le empezaron a preguntar:

-¿Cómo lo has logrado? ¿Cómo lo has conseguido?

-No he hecho nada más que poner toda la fuerza de mi voluntad para conseguir mi deseo
-contestó.

»Me dije a mí mismo que si tenía un anhelo, junto con él también debería tener una firmeza absoluta. Mi firmeza abso­luta estaba detrás de ese anhelo, y ahora he saciado mi sed. He llegado al lugar donde hay agua, y después de beber se me ha quitado la sed.

El significado de la determinación es tener la valentía, la fuerza interior y la fuerza de voluntad para hacer algo sobre cualquier cosa que te interese, actuar de acuerdo con lo que crees que está bien y seguir el camino que te parezca correcto. Si no tienes esta determinación, no te podrá suceder nada a través de mis palabras ni a través de las de nadie. Si fuera posible que te su­cediera a través de mis palabras, entonces sería facilísimo. En el mundo ha habido mucha gente que ha dicho cosas muy bue­nas; si las cosas hubiesen sucedido a través de sus palabras, a es­tas alturas podía haber pasado de todo en el mundo. Pero ni Ma­havira, ni Buda, ni Cristo, ni Krishna ni Mahoma pudieron hacer nada. Nadie puede hacer nada a menos que tú mismo estés preparado para ello.­
El Ganges sigue fluyendo, los océanos están llenos; tú no tienes un cubo en la mano pero estás gritando que quieres agua.

El Ganges dice:

-Aquí hay agua, ¿pero dónde está tu recipiente?
Tú dices:

-No me hables del recipiente. Tú eres el Ganges, tienes tanta agua... dame un poco.
Las puertas del Ganges no están cerradas, las puertas del Ganges están abiertas, pero necesitas un recipiente.

En el viaje espiritual, sino tienes un recipiente de determinación no alcanzarás nunca ninguna satisfacción ni contento.
Habéis escuchado mis discursos de una forma tan silenciosa...
Los tres encuentros de nuestro primer día han llegado a su fin y a partir de mañana empezaremos a hablar sobre los otros dos temas. Ahora, después de este encuentro, nos sentaremos para hacer una meditación vespertina, de unos diez minutos.

Debéis comprender dos o tres cosas relativas a la meditación vespertina y después nos podemos sentar a meditar. ¿Os podéis tumbar ahora? ¿Hay suficiente espacio para que los meditadores se tumben? Primero, comprended, y después haremos la me­ditación vespertina. La meditación matinal se debe hacer senta­do. La vida nace, se despierta por la mañana, por eso es preferible meditar sentado. La meditación vespertina se debe hacer tum­bado en la cama, antes de dormir. Después de la meditación puedes dormirte tranquilamente; esto es lo último que debes hacer en el día. La meditadón matinal es lo primero que debes hacer al despertarte, la meditación vespertina es lo último que debes hacer antes de dormir.
Si uno entra apropiadamente en un estado de meditación antes de dormir todo su sueño se transformará. Todo nuestro sueño puede convertirse en una meditación porque el sueño tiene unas reglas determinadas. La primera regla es que el último pensamiento por la noche se convertirá en el pensamiento cen­tral durante tu sueño, y será tu primer pensamiento al despertar por la mañana. Si te has acostado enfadado, a lo largo de la no­che tu mente y tus sueños estarán llenos de rabia. Y cuando te despiertes por la mañana verás que tu primer sentimiento y pen­samiento será de rabia. Lo que nos llevamos a la cama con no­sotros se queda con nosotros toda la noche.
Por eso digo que puesto que tienes que llevarte algo, es me­jor que te lleves la meditación, para que todo tu sueño gire en torno a la meditación, en torno a su paz. Poco a poco, al cabo de unos días verás que los sueños desaparecen, que tu sueño es como un río profundo. Y cuando te despiertes por la mañana de un sueño profundo -profundo por esta meditación vesperti­na-, tu primer pensamiento será de paz, dicha y amor. De modo que debes comenzar el viaje de la mañana con la meditación matinal y debes comenzar el viaje de la noche con la medita­ción vespertina.
La meditación vespertina se debe hacer cuando estás tum­bado, tumbado en la cama. Haremos el experimento aquí tumbados.

Después de tumbarte tienes que hacer tres cosas. Lo pri­mero es que el cuerpo tiene que estar completamente relajado, como si no tuviera vida, suelto, relajado, un cuerpo sin vida. Y du­rante tres minutos tu mente debe sentir que el cuerpo se está re­lajando, cada vez más, más relajado, porque el cuerpo hará todo lo que sienta la mente. El cuerpo sólo es un esclavo, un discípu­lo. El cuerpo expresa lo que sentimos a través de la acción. Si sientes rabia, el cuerpo agarra una piedra y la lanza; si sientes amor, el cuerpo abraza a alguien. Cuando surge el pensamiento en la mente el cuerpo convierte en acción todo lo que desea ser, todo lo que deseas hacer.

Todos los días, cuando surge un pensamiento, vemos el mi­lagro del cuerpo transformando el pensamiento en acción. Nun­ca pensamos en relajarnos; si no, el cuerpo también lo haría. El cuerpo se puede relajar tanto que ni siquiera sepas si existe o no, pero eso sólo sucede después de hacer este experimento du­rante algún tiempo. Tienes que estar relajado durante tres minutos.
Ahora mismo os haré unas sugerencias para que podáis ex­perimentar esa sensación. Cuando os sugiero que el cuerpo se está relajando, entonces sentiréis que el cuerpo se relaja cada vez más, cada vez más... El cuerpo se relajará.
A medida que se va relajando el cuerpo, la respiración se irá calmando. La calma no significa que se detenga la respira­ción, sino que se vuelve más lenta, más tranquila, más profunda. Durante tres minutos debes sentir que tu respiración se va cal­mando cada vez más, la respiración se va relajando... Después, la mente también se irá relajando y tranquilizando. Cuando el cuerpo se relaja, la respiración se calma; cuando la respiración se calma, la mente automáticamente se queda en silencio; estas tres cosas están relacionadas.
Así que primero sentiremos que se relaja el cuerpo y esto hará que se calme la respiración. Después sentiremos que se re­laja la respiración; esto hará que la mente se quede en silencio.
Y luego os haré una tercera sugerencia: ahora vuestra men­te se está quedando vacía y en silencio. De este modo, después de seguir las tres sugerencias durante un período corto de tiem­po, os diré que ahora la mente se ha quedado totalmente en si­lencio. Después, os quedaréis tumbados en silencio durante diez minutos igual que estabais sentados en silencio esta mañana.

Oirás el canto de un pájaro, oirás el ladrido de un perro y muchos otros sonidos... sigue escuchando en silencio. Es como si en una habitación vacía entrara el sonido, resonara y se fuera. No debes pensar por qué estás oyendo estos sonidos; ni debes pen­sar por qué ladra el perro, porque no tienes nada que ver con el perro. No tienes ningún motivo para pensar por qué ladra el perro o por qué te está molestando ese estúpido perro ahora que es­tás meditando. No, tú no tienes nada que ver con eso. El perro no sabe que estás meditando; no tiene ni idea, es absolutamente inocente, está haciendo lo que tiene que hacer. No tiene nada que ver contigo. Sólo está ladrando, así que déjale que ladre. No es una molestia, a menos que tú lo conviertas en una molestia. Se convierte en una molestia cuando te resistes, cuando quieres que el perro deje de ladrar; ahí comienza el problema. El perro está ladrando, tiene que ladrar, nosotros estamos meditando, tenemos que meditar. No hay ningún conflicto entre las dos cosas, no se oponen. Estás en silencio, llegará el sonido del perro, se prolongará y se irá; no es una molestia para ti.

Una vez me estaba quedando en una residencia de un pe­queño pueblo. También se estaba quedando conmigo un líder político. No se lo que sucedió esa noche, pero todos los perros del pueblo se juntaron frente a la residencia y se pusieron a ladrar. El político estaba muy disgustado. Se levantó, entró en mi habitación y me preguntó:
¿Estás dormido? Tengo un problema enorme. He espan­tado a los perros dos veces pero siguen volviendo.
-Si echas a alguien, siempre volverá -le dije. lntentar alejar a alguien es un error, porque siempre creerá que le nece­sitas de algún modo. Cree que le estás echando porque es importante. Los perros no son más que pobres perros. Deben creer que los necesitas de algún modo, que son importantes para ti, por eso vuelven. Además, los perros no tienen ni idea de que se está ­quedando aquí un líder político de que te están ladrando a ti. No son seres humanos; si los seres humanos llegasen a saber que se está quedando aquí un líder político se aglomerarían junto a él. Hasta ahora los perros no se han vuelto tan inteligentes como para aglomerarse cuando llega un líder político. Los perros vie­nen aquí todos los días. Olvídate de esa estúpida idea que tienes en la cabeza de que los perros han venido porque eres tan importante. Ellos no saben absolutamente nada de eso. Y en lo que se refiere a tu sueño, no son los perros los que no te dejan dormir, eres tu mismo. Estás pensando innecesariamente que los perros no deberían ladrar. ¿Qué derecho tienes? Los perros tienen el derecho de ladrar y tú tienes el derecho de dormir. Esto no es contradictorio, pueden suceder las dos cosas a la vez. No hay ningún conflicto ni choque entre estas dos cosas. Deja que los pe­rros sigan ladrando y tú sigue durmiendo. Los perros no pueden decir que no deberías dormir porque tu sueño les molesta al la­drar, y tú tampoco puedes decir que ellos te molestan.
Y le dije:
­-Acepta que los perros estén ladrando y escucha atenta­mente. Deja de resistirte. Acepta sus ladridos. Y en cuanto lo aceptes, el ladrido de los perros también se transformará en un ritmo musical.
No sé cuándo se durmió, pero cuando se despertó por la mañana me dijo:

-No sé lo que me ha pasado, pero estoy asombrado. Cuan­do ya no podía hacer nada tuve que aceptado. Al principio tu idea no tenía sentido -mis ideas no tienen sentido para todo el mundo, y para él tampoco-, pero cuando me sentí absoluta­mente impotente, me di cuenta de que no había ninguna alter­nativa: o me quedaba sin dormir, o aceptaba lo que estabas di­ciendo. Sólo había dos alternativas. Entonces pensé que puesto que ya había prestado demasiada atención a los perros, ahora iba a prestar atención a tu consejo para ver lo que sucedía. Me recosté en silencio, escuché y acepté los ladridos. Después no recuerdo cuándo me dormí, no recuerdo cuánto tiempo estu­vieron ladrando los perros ni cuándo se callaron. He dormido realmente bien.

Por tanto, no te resistas. Escucha atentamente todo lo que tienes alrededor. Esta escucha silenciosa es un fenómeno mila­groso. Esta no resistencia, esta no oposición hacia la vida es la cla­ve de la meditación.

Primero debemos relajamos y después escucharemos en si­lencio en un estado de no resistencia. Apagaremos las luces para que no sintáis la presencia de los demás. Es fácil olvidarse de los perros, pero es mucho más difícil olvidarse de la gente que te rodea.

Dioses del Eden capitulo 20 : El desfile de los Santos



Uno de los líderes más importantes de la Reforma fue Juan Calvino. Calvino sólo tenía 10 años cuando Lutero rompió con la iglesia católica; pero adulto, Calvino se convirtió en uno de los abogados más celosos del Protestantismo.

Calvino publicó su primer folleto o tratado religioso en 1536 en Basilea, Suiza, una ciudad de la frontera suizo-alemana. Calvino dedicó su vida de adulto a escribir y enseñar su propia y única interpretación de la doctrina protestante. El resultado de esto fue la creación de una organización protestante llamada según su nombre, el “Calvinismo”, la cual tuvo su sede central en Ginebra.

Calvino continuó la vena mística de Martín Lutero. Recordemos que Lutero dijo que la salvación espiritual no era algo que un ser humano podía lograr mediante su propia labor. En cambio, la salvación requiere un acto de fe o creencia. La misma idea fue promulgada por Calvino pero con un enfoque severo. De acuerdo a la doctrina de Calvino, ni con un acto de fe o creencia podría una persona asegurar la supervivencia espiritual. Por el contrario, Calvino proclamaba que la salvación espiritual de una persona o la falta de esta, estaba ya predeterminada por Dios antes del nacimiento. No sólo Dios decide por anticipado quién podría lograr la salvación y quién no, sino que absolutamente ninguna persona podría hacer algo con relación a la decisión de Dios. Esta infeliz doctrina se conoce como “la predestinación”. La enseñanza de la predestinación de Calvino ofrecía a la gente poca comodidad porque ella forzaba a que la mayoría de los seres humanos fueran condenados espiritualmente. Aquellos humanos favorecidos por Dios antes de nacer se conocían como “los elegidos”. Los elegidos eran pocos en número y no podían hacer nada para compartir su buena fortuna con los demás. Calvino proclamaba que el elegido sólo tenía una tarea real en la Tierra y era la de suprimir el pecado en los demás como un servicio a “Dios”. Claro, Calvino era uno de los elegidos.

Uno se puede preguntar: ¿porqué “Dios” debía condenar a casi todas las almas antes del nacimiento y luego continuar castigándolas después del nacimiento? Esto parece demasiado cruel. De acuerdo con Calvino, la raza humana todavía estaba siendo castigada por el pecado original de Adán y Eva. Como recordamos, el “pecado original” fue el intento del hombre antiguo por ganar conocimiento de la ética y de la inmortalidad espiritual.

Calvino no intentaba justificar la predestinación, a pesar de su obvia injusticia. El predicaba a cambio que la predestinación era un misterio por el cual todo el mundo sería humillado. Muchas cosas de “Dios” nunca habría forma de comprenderlas por los seres humanos, decía él.

El Calvinismo era más que una religión dominical. Era una forma de vida. Pedía a sus partidarios un estilo de vida pragmático y austero en el cual el deber más grande de una persona era glorificar a Dios en sus acciones diarias. Se enseñaba a la gente que su posición en la vida no importa lo que esas posiciones llegaran a ser, era su “llamado” de Dios. Una vida debía ser vivida pensando que era la voluntad del Ser Supremo que decidía dónde estaba colocada esa persona. El Calvinismo claramente era una filosofía del feudalismo para la edad moderna.

En el terreno religioso, Calvino prohibió las borracheras, los juegos, el baile y los cantos melódicos ligeros. Todo esto estaba considerado dentro de los pecados que el “elegido” que había sido puesto en la Tierra para ello, debía eliminar. Para nadie era una sorpresa que los calvinistas rápidamente desarrollaron una reputación de seres duros y descoloridos. Ellos también sufrieron violentos. Calvino no era un hombre de tolerancia y adoptó algunas de las practicas viciosas de los emperadores romanos del Este. Por ejemplo: Calvino estimulaba la pena de muerte por herejía contra su nueva doctrina y pedía que las brujas fueran quemadas en la hoguera hasta la muerte.


El Calvinismo viajó desde su fortaleza en Suiza hacia otros países. En los Países Bajos, los calvinistas jugaron un papel muy grande en la agitación y el estallido de la guerra de los Ochenta Años, la cual nos dio el Banco de Amsterdam. En la Gran Bretaña, el calvinismo fue la base de la religión Puritana.


Como sus hermanos calvinistas en Holanda, algunos puritanos ingleses decidieron reafirmar su tenebrosa y oscura creencia y también sus propios intereses materiales, propiciando la revolución violenta. En el año 1642, un grupo de ricos y prominentes puritanos británicos dirigieron una guerra civil a gran escala contra el rey de Inglaterra, Carlos I. A los ojos de los puritanos, Carlos I había cometido crímenes contra Dios habiéndose casado con una católica y tolerado el catolicismo. Después de ganar la guerra civil y haber decapitado a Carlos, el ejército victorioso de los puritanos colocó a su propio dictador a cargo de los británicos: Oliver Cromwell.

Bajo Cromwell, los puritanos tenían el poder de afirmar sus creencias religiosas en la arena de la política exterior. Los puritanos ingleses creían firmemente en el concepto del Armagedón o Batalla Final. Ellos creían en que la gran batalla final había empezado y alcanzado su climax al final del siglo XVII y que la guerra civil de los puritanos contra el rey Carlos I formaba parte de la batalla. El Papa fue llamado el anti-Cristo y el catolicismo fue considerado una herramienta de Satanás. Cromwell trató de modelar la política exterior inglesa dentro de esas creencias trabajando por solidificar la unidad del protestantismo internacional y por hacer la guerra contra los católicos en varias regiones de Europa. Cromwell creía que los puritanos ingleses era “el segundo pueblo escogido”(*) por Dios y que todas sus acciones formaban parte de la profecía bíblica.


La cosmología calvinista hizo mucho para modelar las ideas puritanas sobre la guerra. Combatir en la guerra fue glorificado por los puritanos quienes creían que la tensión y la lucha, eran elementos permanentes de los esquemas cósmicos debido a la lucha eterna entre Dios y Satanás. El profesor Michael Walker, en su curioso libro: “La Revolución de los Santos: un estudio de los orígenes de las políticas radicales” explica su creencia de esta manera:

“Así como hay permanente oposición y conflicto en el cosmos, así mismo hay permanente guerra en la Tierra… Esta tensión es en sí misma un aspecto de la salvación: un hombre relajado o distendido es un hombre perdido”.[1]

Es vital comprender esta idea puritana porque exalta la guerra como un paso necesario para la salvación espiritual. Esta fue también una de las semillas que nos trajo la filosofía marxista con el “materialismo dialéctico”.[2] Esta creencia puritana es una de las ideas más perniciosa nunca antes enseñada por las religiones Custodias. Esto causó en los puritanos la visión de la paz como un enfrentamiento a Dios porque la paz significa que la lucha contra Satanás cesó. “La paz del mundo es la más encarnizada guerra contra Dios”, escribió Thomas Taylor en 1630.(*) El más alto llamado de un hombre puritano era el de marcharse a la guerra para la gloria de Dios. Cuando no hubiera guerra en progreso, los hombres serían estimulados a realizar ejercicios militares por recreación:

“Y con respecto a la religión, ya que cada hombre tendrá recreaciones, que lo harán mejor y más libre del pecado, que es el mejor esfuerzo del hombre,…..entonces abandona su partida de naipes, sus dados, su crueldad sin motivo, su pérdida de tiempo, su conversación grosera y su vanidoso delirio fuera de tiempo, para frecuentar esos ejercicios militares.”[3]

El ennoblecimiento puritano de la guerra, acoplado a su austero pragmatismo ayudaron a traer mayores cambios en la manera de combatir en la guerra. Las generaciones más antiguas sentían que el Renacimiento había traído un efecto muy interesante sobre la guerra en Europa. La guerra se había convertido en una actividad de “caballeros” adornados y llenos de fanfarronería. Los gobernantes europeos gastaban considerables sumas de dinero para crear ejércitos estéticos y coloridos. Brillantes uniformes, banderas ondeantes y fantásticas armaduras estaban a la orden del día. Significativamente, la pompa remplazó el combate en el campo de batalla. Más a menudo que nunca, los ejércitos resplandecientes del Renacimiento se empeñaban en interminables maniobras unos contra otros con poco contacto real. Es notable que después de un espectáculo de enorme pompa muy frecuentemente ocurría un estancamiento militar y seguía una maniobra caballeresca conocida como la caracola. Cada lado se declaraba a sí mismo ganador con pocas o ninguna baja y regresaban a casa espectacularmente para adulación de su gente. Y los soldados rasos jóvenes sobrevivían así para acelerar el pulso de amantes con nobles cuentos de galantería y honor en el campo.

En el mundo ultrapragmático y agotador de los días actuales, las actividades relatadas arriba pueden parecer bastante tontas, algo parecidas al Mago de Oz. Sin embargo, ellas fueron un fenómeno excepcionalmente importante porque el estilo de la guerra del Renacimiento revelaba la verdadera esencia del espíritu humano. La mayoría de la gente se mantendría alejada de la guerra cuando se le da esa oportunidad. Ellos cambiarían las arenas del conflicto por el teatro del espectáculo. Escogerían el color, la vida y el arte en lugar de la muerte, la palidez y la ruina. El Renacimiento fue un corto período de la historia que reveló que cuando la represión es poco exigente, cuando la intolerancia y las filosofías que incitan e inducen a la guerra disminuyen en importancia, y cuando la gente es capaz de pensar y actuar más libremente, los seres humanos como todo, natural y automáticamente, se alejarán de la guerra.

La austeridad puritana y la glorificación de la guerra ayudaron a los europeos a realizar guerras sangrientas. Los ejércitos puritanos operaban con la idea de que las guerras tenían que obedecer a un significado de lucha real y efectiva y no de un espectáculo colorido. Con esto en mente, los puritanos eliminaron el brillo militar y desarrollaron unidades de luchas eficientes mediante rigurosos ejercicios. Esta forma pragmática de combatir se extendió rápidamente cuando otras naciones descubrieron que banderas hermosamente engalanadas no ganarían una batalla contra la efectividad de la puntería de un cañón. Mientras la mayoría de las organizaciones militares actualmente usan algún espectáculo, éste, está notablemente ausente en la real conducta de la guerra. En su lugar observamos uniformes militares austeros y de corte eficiente; y estrategias militares que fríamente calculan megamuertes nucleares con puntos de porcentajes y factores de probabilidades. Todo esto es el reflejo del pragmatismo reinsertado en la guerra por los puritanos y otros protestantes. A medida que visualizamos los cuerpos de nuestro prójimo humano destrozados por la guerra, los cuales han sido matados más efectivamente y más pragmáticamente, quizás nos damos cuenta que los caballeros renacentistas no eran tan tontos después de todo.

A pesar de los éxitos iniciales, el nuevo gobierno puritano bajo Cromwell no tuvo un largo final. La dinastía Estuardo recuperó el trono británico en 1660 con la coronación de Carlos II, hijo de Carlos I el decapitado. Carlos II murió 25 años más tarde, en 1685, sin heredero, de tal forma que James II, su hermano, tomó el trono. James reinó por tres años después de los cuales, en 1688, estalló una segunda revolución inglesa conocida como la “Gloriosa Revolución”. Aunque en gran parte se mantenía el protestantismo contra el catolicismo, los puritanos no fueron los que dirigieron la Gloriosa Revolución. En efecto, un gran número de puritanos habían abandonado Inglaterra para establecerse en las colonias de América del Norte después que Carlos II asumió el trono. La Gloriosa Revolución fue dirigida en parte por nada más y nada menos que la Casa de Orange-Nassau. Por el tiempo de la Gloriosa Revolución, la Casa de Orange estaba fuertemente asentada en el trono de los Países Bajos. Cómo logró tomar el trono británico y reinar sobre tres naciones al mismo tiempo, es una fascinante historia de intriga política.


(*)A los hebreos se les consideraba como “los primeros escogidos” por Dios pero habían caído fuera de su favor.


[1] Walzer, Michael, The Revolution of the Saints, A Study in the Origns of Radical Politics (Cambridge, Harvard University Press, 1965), p. 279.


[2] Ibíd..


(*) El materialismo dialéctico es la filosofía que declara que los conflictos entre las clases sociales son inevitables y que tales conflictos son la primera etapa de un proceso que provocará finalmente una utopía sin clases en la Tierra.


[3] Ibíd., p. 287.

Movimiento Zeitgeist en México - Día Z en México 13 de Marzo de 2010


Se está organizando el evento del "Día Z" en la Ciudad de México con la siguiente agenda:

- Festejar el día Zeitgeist en México.
- Dar información sobre el Capítulo Oficial en México.
- Presentar la traducción oficial en español de la película Zeitgeist Addendum.
- Ver la película Zeitgeist Addendum con su nueva traducción.
- Dar a conocer la traducción al español del libro de Jacque Fresco "Todo lo que el dinero no puede comprar" en su versión ebook.
- Tener una sesión de Preguntas y Respuestas.

Lugar: Centro Cultural Nalanda.
Dirección: Av. Álvaro Obregón #86 (Casi esquina con Córdoba) Col. Roma, México D.F.
Fecha: 13 de Marzo 2010.
Horario: 10:30 - 14:00 hrs.
Lugares: 60
Recuperación: $60 pesos (Pago en la puerta) Incluye DVD de Addendum con la traducción oficial en Español

El precio de entrada es sólo para cubrir los costos del foro y la compra de los DVD para grabarles la película.

Para más información respecto del evento pueden escribir al email: zday2010@zeitgeist.com.mx

Gracias,
Movimiento Zeitgeist en México.

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Temas relacionados:

- Zeitgeist I
- Zeitgeist II

Osho: El libro del Hara, tercer capitulo, segunda parte



Este sentimiento, este sentimiento de gratitud debería estar presente en todos los aspectos de la vida y particularmente en los relativos a tu dieta. Únicamente así podrá tu dieta convertirse en una buena alimentación.

La segunda cuestión es el trabajo correcto. Esto también ha dejado de ser una parte esencial de tu vida. El trabajo físico se ha convertido en un acto vergonzoso.

Un filósofo occidental, Albert Camus, escribió en broma en una de sus cartas que llegaría un momento en que la gente empezaría a pedirles a sus sirvientes que hicieran el amor por ellos. iQuizá suceda algún día! Ahora ya tienes a gente que hace todo en tu lugar; el amor es lo único que sigues haciendo tú mismo. Designas a otros para que recen por ti. Empleas a un sacerdote y le dices que rece en tu nombre, que realice los ri­tuales en tu nombre. Designas a un sacerdote en el templo y le dices que rinda culto en tu nombre. Incluso a tus sirvientes les dices que hagan cosas como rezar y rendir culto. Si tus sir­vientes están rindiendo culto en tu lugar, ¿no es impensable que algún día la gente más sabia les diga a sus sirvientes que haga el amor con su amada en su lugar? ¿Qué problema hay? y los que no puedan permitirse tener sirvientes que lo hagan se sentirán avergonzados por ser pobres, por tener que hacer el amor ellos mismos.

Quizá algún día suceda esto, iporque ahora hay tantas cosas importantes en tu vida que tus sirvientes están haciendo por ti! Y no eres en absoluto consciente de lo que has perdido al perder las cosas importantes. Se ha perdido toda la fuerza, toda la vitalidad de la vida, porque el cuerpo y el ser del hombre han sido creados para hacer una cantidad de trabajo determinada, pero ahora ha sido privado de ese trabajo.

El trabajo correcto también es una parte esencial en el despertar de la consciencia y la energía del hombre.

Una mañana, Abraham Lincoln se estaba limpiando los zapatos en su casa. Uno de sus amigos que estaba de visita le dijo:

-iLincoln! ¿Qué estás haciendo? ¿Te limpias tus propios zapatos?
Lincoln respondió:

-iMe sorprendes! ¿Tú le limpias los zapatos a los demás? Yo me limpio mis zapatos; ¿tú se los limpias a los demás?

El amigo le dijo:

-No, no, iYo le digo a los demás que me limpien los zapatos!

Lincoln dijo:

-Que los demás te limpien los zapatos es aún peor que limpiarle los zapatos a los demás.
¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que estamos per­diendo el contacto directo con la vida. El contacto directo con la vida es el que tenemos a través del trabajo.

Una vez, cuando vivía Confucio, hace unos tres mil años, fue de visita a un pueblo. En un jardín vio a un viejo jardinero y a su hijo sacando agua de un pozo. Para el anciano, el trabajo de sa­car agua del pozo era muy difícil, a pesar de la ayuda de su hijo.

Y el anciano era muy viejo.

Confucio se preguntó si este anciano no sabría que ahora se utilizaban bueyes y caballos para sacar agua del pozo; estaba ha­ciendo ese trabajo él solo. iEstaba usando métodos muy antiguos! De modo que Confució fue y le preguntó:

Amigo, ¿No sabes que ahora hay un nuevo invento? La gente saca el agua de los pozos con ayuda de caballos, de bue­yes. ¿Por qué lo estás haciendo tú solo?

El anciano dijo:

-Habla bajito, habla bajito. A mí no me importa lo que estás diciendo, pero temo que lo pueda oír mi hijo.

¿Que quieres decir? -dijo Confucio.

El anciano contestó:

-Conozco esos inventos, pero todos esos inventos alejan al hombre del trabajo físico. No quiero que mi hijo se desco­necte, porque en el momento que se desconecte del trabajo fí­sico se desconectará de la vida en sí.

La vida y el trabajo son sinónimos. Vida y trabajo tienen el mismo significado. Pero, poco a poco, has empezado a llamar afor­tunados a quienes no tienen que hacer trabajo físico y desafortunados a los que tienen que hacer trabajo físico. Esto es así porque, en cierto sentido, mucha gente ha dejado de trabajar, por lo que otra gente, tiene que trabajar mucho más. Trabajar demasiado te mata, trabajar demasiado poco también te mata. Por eso hablo de trabajo correcto de la distribución adecuada del trabajo físico. Cada persona debería hacer el mismo trabajo físi­co. Cuanto más intensamente, cuanto más dichosamente, cuan­to más agradecidamente se meta un hombre en la parte de tra­bajo de su vida, más notará que su energía vital empieza a salirse de la cabeza y acercarse al ombligo. Para trabajar no son necesarios ni la cabeza ni el corazón. La energía para trabajar se de­riva directamente del ombligo, ahí es donde está su origen:


Junto con una dieta correcta es esencial que haya un poco de trabajo físico. Y no debería ser por el bien de los demás: si sirves a los pobres, éstos saldrán beneficiados; si vas a un pueblo como agricultor beneficiarás a los agricultores; si haces una labor determinada estás haciendo un gran servicio social. Todas estas cosas son falsas. Debes hacerla por tu propio bien, no por el de los demás. No tiene que ver con beneficiar a los demás. Quizá al­guien se beneficie de ello, pero básicamente es por tu propio bien.


Cuando Churchill se júbilo, uno de mis amigos fue a visitarle a su casa. A su avanzada edad, Churchill estaba excavando y plantando algunas plantas en su jardín. Mi amigo le hizo unas preguntas sobre política. Churchill dijo:

¡Déjalo! Eso ya se acabó. Si quieres hacerme alguna pre­gunta, me puedes preguntar dos cosas: me puedes preguntar sobre la Biblia, porque la leo en casa, y me puedes preguntar sobre jardinería, porque lo hago en el jardín. Ya no me interesa la política. Ya se pasó ese momento. Ahora simplemente estoy traba­jando y rezando.

Cuando mi amigo regresó me dijo:

-No entiendo la clase de hombre que es Churchill. Creía que me daría alguna respuesta, pero me dijo que sólo estaba trabajando y rezando.
Yo le dije:
-Decir que está trabajando y rezando es una reiteración.

Trabajo y oración significan lo mismo, son sinónimos. El día que el trabajo se convierta en oración y la oración se convierta en trabajo será el día que se alcance el trabajo correcto.

Un poco de trabajo físico es absolutamente esencial, pero no le has prestado atención a esto. Ni siquiera los sannyasins tradi­cionales de la India le han prestado atención al trabajo: se abstu­vieron de hacerla, ni siquiera se plantearon hacerla. Simple­mente, se movieron en otra dirección. Los ricos dejaron de hacer trabajo físico porque tenían dinero y podían pagar a alguien para que lo hiciera, y los sannyasins dejaron de hacerla porque ya no tenían que ver con el mundo. No tenían nada que hacer ni tenían que ganar dinero ¿para qué iban a trabajar? El resultado es que dos de las clases sociales respetadas se fueron alejando del tra­bajo y, poco a poco, las personas sobre las que recayó el trabajo empezaron a dejar de ser respetadas.


El trabajo físico tiene una gran importancia y utilidad para el buscador, no porque obtengas algo con él, sino porque cuan­to más te implicas en algún tipo de trabajo, tu consciencia em­pezará a estar más centrada, empezará a bajar de la mente. No es necesario que el trabajo sea productivo. También puede ser no productivo, un mero ejercicio. Pero un poco de trabajo físi­co es absolutamente esencial para la agilidad del cuerpo, la agu­deza de la mente y el completo despertar del ser. Esta es la se­gunda parte.


Pero en esta parte también te puedes equivocar. Del mis­mo modo que puedes cometer errores con tu dieta -al comer demasiado o demasiado poco-, también puedes cometer erro­res aquí: o bien puedes no hacer ningún ejercicio físico en ab­soluto, o bien hacer demasiado. Los luchadores hacen demasia­do ejercicio; es un estado patológico. Un luchador no es una persona sana. Los luchadores hacen demasiado esfuerzo con el cuerpo, menosprecian el cuerpo. Si menosprecias el cuerpo, al­gunas partes del cuerpo, algunos músculos podrán desarrollar­se más, pero iningún luchador vive demasiados años! Ningún lu­chador se muere estando sano. ¿Sabías que todos los luchadores -ya sea Gama, Sandow a cualquier otro con un gran cuerpo, aunque sea el mejor del mundo- están enfermos al morir? Mueren prematuramente y mueren por enfermedades graves. Menospreciar el cuerpo puede hacer que se desarrollen los músculos y que valga la pena admirar su cuerpo, valga la pena exhibirlo, pero entre la vida y la exhibición hay una gran dife­rencia. Hay una gran diferencia entre vivir, estar sano y ser un exhibicionista.


Cada persona debería descubrir la cantidad de trabajo físi­co que habría de hacer para vivir con más salud y lozanía por su propia cuenta, según su cuerpo. Cuanto más aire fresco hay en el cuerpo, cuanto más dichosa sea cada respiración, más vitalidad tendrá una persona para explorar su interior. Simone Weil, una filósofa francesa, escribió algo maravilloso en su autobiografía. Dijo: «Hasta los treinta años siempre estaba enferma. No estaba sana y tenía muchos dolores de cabeza. Pero al llegar a los cua­renta años me di cuenta de que hasta los treinta años había sido una materialista. Al volverme más espiritual me convertí en una persona más sana. Sólo me di cuenta más tarde de que el tener poca salud y estar enferma estaba relacionado con mi materia­lismo.


Una persona que no tiene salud y está enferma no puede estar agradecida a la existencia. En ella no puede haber agrade­cimiento hacia la existencia; sólo hay rabia. Si está llena de rabia, es imposible que esa persona pueda aceptar algo de la existencia. Simplemente, lo rechaza. Si en nuestra vida no hay un cierto equilibrio entre la salud por el trabajo correcto y el ejercicio correcto, es natural que sintamos negatividad, resistencia y rabia hacia la vida.

La tercera cuestión es el sueño correcto. Se ha destruido la alimentación, se ha destruido el trabajo físico iY se ha asesinado el sueño! El sueño es lo que más se ha perjudicado con el desarro­llo de la civilización humana. Desde que el hombre descubrió la luz eléctrica, el sueño está muy alterado. Y en cuanto empezó a tener más instrumentos, comenzó a pensar que no era necesario dormir, que perdía demasiado tiempo durmiendo, que el tiem­po que invertía en dormir era un tiempo perdido. Cuanto menos duerma, mejor. A nadie se le ocurre pensar que el sueño contri­buye a los procesos más profundos de la vida. Algunas personas piensan que el tiempo que se usa para dormir es un tiempo per­dido; cuanto menos duermen, mejor; cuanto antes reduzcan el tiempo de sueño, mejor.

Éste es un tipo de personas, las que quieren reducir el tiem­po de sueño necesario. Otro tipo de personas son los monjes y ermitaños que creen que este sueño, esta forma inconsciente de sueño, es el estado opuesto al estado de autorrealización y des­pertar del ser. Según estas personas, no es bueno dormir; cuan­to menos duermas, mejor.

Los monjes tenían otro problema, habían acumulado tantas represiones en su inconsciente que afloraban durante el sueño y formaban parte de sus sueños. Surgió una especie de miedo al sueño, porque todo lo que habían estado ignorando durante el día afloraba en sus sueños por la noche. Las mujeres de las que habían huido y abandonado empezaron a aparecerse en sus sueños. Estos monjes empezaron a verlas en sus sueños. El dinero y el prestigio del que habían huido empezó a perseguir­les en sus sueños. Por eso creyeron que el sueño era algo muy peligroso -se escapaba de su control-, y cuanto menos durmieran, mejor. Estos monjes crearon un sentimiento en todo el mundo de que el sueño es algo no espiritual. Este concepto es ridículo.

El primer grupo de personas se opone al sueño y cree que es una pérdida de tiempo, que no es necesario dormir tanto; cuanto más tiempo se esté despierto, mejor.

Las personas que hacen cálculos y estadísticas de todo son realmente curiosas. Han calculado que si una percsona duerme ocho horas estará perdiendo un tercio de su día. Si una persona vive sesenta años, habrá perdido veinte años. De una media de vida de sesenta años sólo nos son útiles cuarenta años. Y todavía han calculado más: han calculado cuánto tiempo tarda un hom­bre en comer, en ponerse la ropa, en afeitarse, en bañarse, etcé­tera. Después de calculado todo afirman que nuestra vida es una pérdida de tiempo. Cuando empezaron a restar todo ese tiempo se dieron cuenta de que una persona sólo vive sesenta años en teoría; en realidad invierte veinte años en dormir, otros años en comer, otros años en bañarse, otros años en leer el periódico. Todo se pierde y no queda nada de vida. Estas personas crearon un pánico: si quieres tener algo de tiempo para vivir te aconse­jan reducir todas estas cosas. El sueño ocupa la mayor parte de la vida del hombre, de modo que hay que reducido. Mientras este grupo aconsejaba reducir el sueño y creaba un movimien­to de oposición al sueño, el segundo grupo, los monjes y los er­mitaños, decían que el sueño no era espiritual y le decían a la gente que durmiera lo menos posible. Cuanto menos dormía una persona, más beata era, y si no dormía nada, entonces era un santo.

Estos dos grupos con sus ideas han destruido la habilidad del hombre para dormir, y con el asesinato del sueño se han trastocado, alterado y eliminado todos los centros profundos de la vida del hombre. Ni siquiera nos hemos dado cuenta de que la falta de sueño es la causa que subyace a todas las enfermedades y los trastornos que forman parte de la vida del hombre.

Las personas que no pueden dormir bien no pueden vivir bien. El sueño no es una pérdida de tiempo. Las ocho horas de sueño no son una pérdida de tiempo; mejor dicho, gracias a esas ocho horas de sueño podemos estar despiertos dieciséis horas. Si no, no serías capaz de estar despierto tanto tiempo. Durante esas ocho horas acumulas energía vital, tu vida se revitaliza, los centros de tu cerebro y de tu corazón se calman, y tu vida funcio­na desde el centro del ombligo. Durante esas ocho horas de sue­ño vuelves a ser uno con la naturaleza y la existencia, por eso te revitalizas.


Si quieres torturar a alguien, él mejor método –que se in­ventó hace miles de años- es impedirle dormir. Hasta el mo­mento, no se ha logrado superar este método. Durante la última guerra en Alemania, y actualmente también en Rusia, el méto­do más popular de tortura a los prisioneros era impedirles dor­mir. Simplemente, tienes que impedirle dormir a una persona. Esta tortura va más allá de cualquier límite para un ser humano. De modo que le pusieron a cada persona un guarda para que le impidiera dormir.

Los chinos fueron los primeros en descubrir este método hace unos dos mil años. No permitirle dormir a alguien es un método de tortura muy barato. Le obligan una persona a estar en una celda tan pequeña que no se pudiera mover, no pu­diera sentarse ni tumbarse. Después dejaban caer gotas de agua desde arriba para que cayeran sobre su cabeza gota a gota. No podía hacer el menor movimiento, no podía sentarse, ni tumbarse, y al cabo de doce, dieciséis o dieciocho horas como mucho empezaba a gritar y aullar: «!Socorro! Me muero. ¡Sacadme de aquí!». Entonces le preguntaban lo que estaba ocultando. Al cabo de tres días se rendían hasta los más valientes.

Hitler en Alemania y Stalin en Rusia hicieron lo mismo con miles de personas: las mantenían despiertas y no les dejaban dormir.­ No hay una tortura más cruel que ésta. Ni siquiera cuando matas a una persona ésta sufre tanto como cuando no la dejas dormir, porque sólo cuando duerme recupera lo que ha perdido. Si no puede dormir, entonces seguirá perdiendo energía vital, sin ser capaz de regenerarla. Se queda totalmente agotado. Somos una humanidad agotada porque nuestras puertas para recibir algo están cerradas y nuestras ventanas para perderlo todo se han ido abriendo cada vez más.


El sueño tiene que volver a la vida del hombre. Realmente, no hay ninguna alternativa, ningún otro paso para la salud psicológica de la humanidad. iEl sueño debería ser obligatorio por ley en los próximos cien o doscientos años! Es muy importante que un meditador se de cuenta de que duerme bien y duerme lo suficiente.


Hay algo más que debéis entender: un buen descanso será distinto para todo el mundo. No será lo mismo, porque el cuer­po de cada persona tiene unas necesidades distintas, de acuerdo con la edad y muchos otros factores.

Por ejemplo, cuando un niño está en el vientre de su madre duerme las veinticuatro horas del día porque se están desarro­llando todos sus tejidos. Necesita sueño absoluto; su cuerpo sólose desarrollará si duerme veinticuatro horas al día. Es posible que los niños que nacen lisiados, lesionados o ciegos se hayan despertado durante los nueve meses que estaban en el vientre de su madre. Quizá algún día la ciencia descubra que los niños que por algún motivo, se despiertan en el vientre de su madre nacen lisiados o con una parte del cuerpo sin desarrollar.

Cuando se está en el vientre es necesario estar dormido las veinticuatro horas del día porque se está formando todo el cuer­po, se está desarrollando todo el cuerpo. Es necesario que haya un sueño profundo; sólo así pueden tener lugar todas las activi­dades del cuerpo. Cuando un niño nace, duerme las veinticuatro horas del día, su cuerpo todavía se está formando. Después duer­me dieciocho horas, después catorce horas... Poco a poco, a me­dida que su cuerpo va madurando, también va durmiendo menos. Al final se estabiliza entre seis y ocho horas.

Un anciano duerme menos, pasa a dormir cinco horas, cua­tro horas, incluso tres horas, porque el crecimiento de su cuer­po ya ha cesado. No necesita dormir demasiado cada día por­que ya está cerca de la muerte. Si un anciano durmiese tanto como un niño no se podría morir, sería difícil morirse. La muer­te necesita cada vez menos sueño. La vida necesita sueño pro­fundo. Por eso el anciano, poco a poco, va durmiendo cada vez menos, y el niño duerme más.

Si los ancianos empiezan a pretender que los niños se com­porten del mismo modo que ellos, esto se volverá peligroso.

A menudo los ancianos lo hacen: tratan a los niños como si fuesen viejos. Les despiertan demasiado pronto por la mañana: «iSon las tres, son las cuatro! iLevántate!». No se dan cuenta de que está bien que ellos se despierten a las cuatro porque son viejos. Pero los niños no pueden despertarse a las cuatro. Es malo despertarlos. Perjudica las funciones corporales del niño; es muy perjudicial para ellos.

Una vez me dijo un niño: «Mi madre es muy rara; cuando no tengo sueño por la noche me obliga a dormir, y cuando me mue­ro de sueño por la mañana, me obliga a despertarme. No entiendo por qué me obligan a dormir cuando no tengo sueño y me obligan a despertarme cuando tengo sueño. Tú le explicas mu­chas cosas a la gente, ¿le podrías explicar esto a mi madre?». Que­ría que le ayudara a entender a su madre que lo que estaba ha­ciendo era muy contradictorio.

No nos damos cuenta de que a menudo se trata a los niños como si fuesen personas mayores, y después, cuando crecen, tie­nen que empezar a vivir según las normas estipuladas que se encuentran en los libros.

Probablemente, no sepas que las últimas investigaciones di­cen que no se puede estipular la misma hora de despertar para todo el mundo. Siempre se ha dicho que es bueno despertarse a las cinco de la mañana; esto es absolutamente erróneo y no es científico. No vale para todo el mundo; quizá sea bueno para al­gunas personas, pero podría ser perjudicial para otras. En veinticuatro horas, la temperatura del cuerpo baja durante unas tres horas y esas tres horas son las horas de sueño profundo. Si des­piertas a alguien durante esas tres horas estropearás todo su día y alterarás su energía. Generalmente, esas tres horas están entre las dos y las cin­co de la mañana.


Para casi todo el mundo esas tres horas van de las dos a las cinco de la mañana, pero no sucede lo mismo con todas las personas. La temperatura del cuerpo de algunas per­sonas baja hasta las seis de la mañana, la de otras baja hasta las siete, y para otras la temperatura empieza a ser normal a las cua­tro de la mañana. Si alguien se despierta en esas horas de baja temperatura; esto le afectará las veinticuatro horas del día y ten­drá efectos perjudiciales. Sólo se puede despertar a una persona cuando la temperatura empieza a subir a nivel normal.
 

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